sábado, 2 de enero de 2016

Media Naranja. El final.

Las noches pasaban así como los policías y sus múltiples golpizas, pero el silencio y el sentimiento de la soledad aun perduraban. ¿Cuánto más debía de esperar para ya terminar esta trama? ¿Qué más tenía que pasar para poder al fin darle un buen finiquito a esta historia? Me estaba volviendo loco, estaba estancado en la novela aunque; al final y agradecido, hubo un chispazo de luz que entro por esa puerta y me dio la fuerza necesaria para al fin terminar. Hoy termina y hoy al fin habrá paz y alegría.  

-Espero que te la estés pasando bien. Ya fue un mes y me dicen mis compañeros que desde que llegaste no dices ni una palabra y eso, te digo la verdad, los hace enfadar más; así que, dales la satisfacción de escucharte, de oír esa linda voz tuya- Me decía el “licenciado” mientras se quitaba su saco barato, lo ponía en la mesa y se arremangaba sus mangas de su camisa lisa. El mismo que me había entrevistado en la comisaría antes de que volara en mil pedazos y el mismo que me había llevado a mi hogar actual sin antes haberme enseñado a…ella.

-Solo las personas dignas pueden escuchar mi voz y usted se lo ha ganado y aunque su compañero no, él es solo afortunado- Tenía más de un diente roto, así que dolía al hablar. Un dolor nuevo.

-Guau, esa voz. Encantadora- Decía el oficial que acompañaba al trajeado mientras me veía y se colocaba detrás de mí para soltarme las esposas y empezarme a golpear.

-Eres muy afortunado niño, bastante yo diría; aprovéchalo- Le dije mientras sentía mis piernas y brazos libres de la fría silla de metal. Ya era libre y estaba motivado.

El policía libero las esposas y empezó a caminar a la mesa de madera, por donde estaba su acompañante dándome la espalda. Justo cuando pasó a un lado mío y me dio la espalda él también, me levante con rapidez y coloque mis manos alrededor de su cabeza y dije:

-Debiste de aprovecharlo niño- Cuando jale mis brazos en direcciones opuestas con mis manos aferradas a un rostro que apenas de daba cuanta que estaba sucediendo rompiendo su cuello y dejando un cuerpo sin vida.

El crujido fue notorio y el investigador se dio la vuelta con cierta torpeza. Al momento que ya estábamos de frente y él tenía una mano lista para sacar su arma, yo ya tenía la del oficial muerto en mis manos apuntándolo.

-Como la vida va y viene ¿No cree oficial? Las cosas cambian tan rápido. Era un buen chico, me agradaba; su cabello olía rico- La sonrisa volvía a mi rostro y se sentía tan bien.

-No hagas nada…- No lo deje terminar la clásica frase.

-No lo digas querido, está muy sobrevaluada esa frase. Mejor saca tu arma y aviéntamela antes de que te perfore el cráneo, tome las llaves de tu auto y vayamos al lugar donde me encontraron medio muerto y, aunque eso lo puedo hacer yo solo; no quiero manejar en soledad y no sé dónde estoy, primeramente; así que, no me hagas perder tiempo y dame el arma- Dudo por unos momentos pero al final cedió.

Ya con las dos armas en mi poder, una la guarde y con la otra le seguí apuntando.

-Bueno, ya escuchó el plan; así que vámonos, no perdamos tiempo-

Salimos de la choza y una ola de aire fresco golpeo mi rostro, era tan delicioso; una cosa que envicia a cualquiera que este un mes en una pocilga. Subió al auto en la parte del chofer y yo en el asiento de atrás de él; arrancó la máquina y nos fuimos.

El camino no fue largo pero si en silencio hasta el pequeño pueblo en donde viví por una temporada.

-Ve lento por aquí, no queremos perder a nuestro objetivo; aunque sé que no puede moverse mucho-

-¿A quién buscamos? ¿A quién la mató?- Preguntó el chofer mientras seguía el tranquilo camino del poblado.

-Que inteligente eres, querido. Pero si vuelves a decir una tontería así te hago un tercer ojo muy sexy entre los dos que ya tienes- Veía a la misma gente “aburrida” caminar por la calle hasta que por fin, un minusválido caminado; sin una pierna y sin un brazo. Hoy era un buen día. –Detente y dile a ese tipo que se suba al auto, bajas mi ventana para que me vea. Y no hagas nada tonto, no quiero terminar aquí nuestro viaje- Cumplió mis instrucciones a la perfección y cuando me vio el hombre de la calle, su rostro jamás se me olvidara, no tenía precio esa combinación de horror y sorpresa que reflejaron sus ojos.

Ya arriba del auto, sentado a un lado mío, con un arma apuntándole y con la otra al conductor dije con una sonrisa sin mascara, una sonrisa honesta:

-Hola- No sabía que contestarme, no sabía qué hacer y no sabía lo que venía –Conduce hasta el mirador del condado, está a cinco minutos de aquí; sigue esta calle y en el semáforo das vuelta a la derecha, luego a la izquierda y en el tope, a diez metros te detienes; sin hacer tonterías o será tu fin también.

En el camino intento hacer una pregunta:

-¿Cómo es qué tú…?- Su voz titubeaba y sudaba como puerco.

-La magia del cine mi amigo, nos ha enseñado que todo es posible en la realidad- No dejaba de sonreír.

Llegamos al lugar y ordenándoles que se bajaran lentamente me coloque detrás del inválido que ya no traía su muleta y se apoyaba delante de mí mientras recargaba la punta del arma en la cien del pobre hombre. Estábamos de frente al oficial cuando le arroje a éste la otra arma, la agarro en el aire y sin perder tiempo nos apuntó a los dos.

-¿Para qué me das el arma?- Su voz ahora era más firme. Estaba determinado, yo me tenía que encargar de quitarle esa determinación.

-Para que haga lo que está haciendo ahora, apúntenos y no falle, en lo que yo empiezo a caminar cada vez más cerca de la barda en donde empieza este barranco en donde si cae alguien ya no sobrevive- Me ocultaba detrás del cuerpo del hombre que le costaba trabajo estar de pie por obvias razones.

-Dispare, no deje vivo a este hijo de puta; no lo valgo. ¡Dispare!- Era cierto y lo más inteligente que podía hacer el policía ante la respuesta del invalido, pero su nobleza y orden moral se lo impedían; era incorruptible y sabía que me tenía que tener vivo para pagar por todos mis males.

-¿En serio crees que eso valgo? Eres un encanto de hombre, lástima que te tengas que ir de nuestra pequeña reunión porque, el tiempo se acabó- Dije mientras llegaba al barandal y me detenía en el borde. –Sabes algo, por un momento me tuviste y debiste haberme acabado ahí, pero no; esperabas que viviera como tú, que sintiera tu dolor y pena; fue una lástima que pensaras así. ¿Unas palabras más?- Y sin darle tiempo de contestar o de siquiera pensarlo, lo jale con toda mi fuerza aventándolo al barranco y escuchando solo como su grito se alejaba velozmente.

Mire al oficial que estaba congelado apuntándome con su arma sin saber ni que pensar.

-Creo que nuestro amigo no sabía que había escaleras para bajar-

-¿Qué quieres?- Fue una pregunta en susurro mientras una lágrima salía por su rostro, era muestra de su impotencia, de su desesperación y de que su moral ahora ya estaba rota; ya no tenía nada.

Me subía al barandal con la poca fuerza que me quedaba y con trabajos de mantenerme con equilibrio en el borde, me puse de pie con los brazos extendidos y en una mano un arma dije:

-No quiero nada en la vida, solo me dejo ir- Coloque el arma en mi frente y jale del gatillo mientras caía al mismo tiempo al vacío viendo como el borde se alejaba de mí y segundos después como el policía se apoyaba en él viéndome caer.

…

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…

La bala no perforo, el cuerpo se desplomo antes de la reacción del dedo en el gatillo pero lo que me sorprende es que; la caída tampoco me mató y supongo que dieron el cuerpo por perdido porque desperté sobre el pasto boca abajo con huesos rotos y un pájaro enfrente de mí que me observaba desconcertado.


Gire en el suelo para ver el cielo azul, suspire y sonreí. Todo ya se había acabado, por ahora.

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