sábado, 19 de marzo de 2011

La pelea que perdí y los golpes que recibí

Hay que afrontar las cosas como son.

Hay que aceptarlo, ya imaginaba que esto iba a pasar. No dejabas de fastidiar, ¿por qué lo hacías? Una razón infantil de años. Molestaste a alguien importante en mi vida y terminaste dándome golpes en la cara, pero esa historia sigue a continuación y es el propósito del relato.

Antes eras parte de una historia amorosa, y no por qué tú eras la pareja; sino tú prima. Te consideraba alguien, un amigo y no sé si suena estúpido, pero no te guardo rencor.

En tus momentos de fastidio, al principio te encaraba, luego te ignore, pero ese día, el día que detonaste, la paciencia se acabó y fue una serie de golpes recibidos por un minuto, que a los demás supongo asusto, por qué nada más escuchaba gritos e insinuaciones de que dejaras de golpear esa botarga que te encaro y por suerte o gracia, dio el primer golpe.

Caí en tú juego, me insinuaste y acepte sin razonar el hecho de terminar con lo ocurrido con anterioridad.

10:10 a.m. molestaste a una mujer, una amiga. No era la primera vez que lo hacías, pero era la primera vez que lo hacías en frente de mí. Te empuje, discutimos, me empujaste; te veía con indiferencia, por no ser la primera vez que realizábamos el juego con los brazos y las piernas. Al fondo mi gordis, que pronunciaba nuestros nombres con asombro y angustia, Te fuiste con ella, algunos los llamarón favoritismo, y yo igual solo que no lo dije en voz alta.

Me quede y relaje, escuche al poco momento comentarios en mi contra; no me molesto, luego un “gracias” que me fascino escuchar.

Regreso el sujeto con la maestra y la tutora, la cual no le tengo gran admiración. Por una hora sentí tú mirada penetrante y si dijiste algún comentario mío, no lo escuche. Me llamo la tutora, hablamos y entre eso me explico que no me convenía lo que estaba pasando por un simple reporte académico que no se iba a ver bonito en mi historial.

El día continuo y se me olvido el problema, nunca pensé que en la salida estaríamos a solo un par de centímetros y diciendo tontería y media.

Salí de la escuela y no pasó nada hasta que escuche tú comentario, en ese momento me di cuenta que de ahí no iba a salir solo. Solté la mochila y dialogamos acerca del punto cero, donde acabaría el día.

Por acuerdo común, lo cual es increíble al que hayamos llegado; nos dirigimos al otro extremo de las jardineras; pero no solos, un grupo de espectadores nos seguían, algunos los conocía a otros ni sabia su nombre.

Solté la mochila y discutimos, por alguna razón él no quería espectadores, a mi me daba igual, se calentaron las cosas y fue el intento uno; los demás se dieron cuenta que iba a dar el golpe, pero me detuve, no sé porqué, tal vez la razón era que no lo quería soltar. Luego de eso no recuerdo que fue lo que provoco que en el segundo intento soltara el golpe. Entro directo a la quijada, pero de ahí no paso otro, aunque es lo que creo.

Te balanceaste a mi cuerpo, no me moví; que tonto. Después recuerdo recibir golpes que la oreja derecha aceptaba y una sola vez que vi tú cara e intente tocarla pero no llegó el golpe. Gritos a favor mío, pero no era lo que quería; porqué nos terminaron separando. Apareció la persona que de un modo u otro quiero, un hombre al cual agradezco su apoyo a lo largo del tiempo en que nos conocemos, pero no le agradezco que me haya quitado. Quería regresar, pero mi amigo me lo impidió al igual que mis piernas. Mi cerebro decía “vamos regresa, esto aun no se acaba”, pero mis extremidades inferiores solo se alejaban de mi contrincante en ese momento.

Caminamos e hicieron que entrara en razón, pero aun así maldije por no haber aprovechado la ocasión y por haber caído en lo que él quería.

Me fui o más bien dicho me llevaron al metro. Pregunte si sería inteligente continuar, por qué lo volví a ver, tajantemente la respuesta fue no. No esperaba otra cosa.

7:15p.m. me llamo la chica especial, la cual defendí y que no estuvo en las jardineras, eso lo agradezco. Ya sabía lo sucedido, solo quería saber acerca de mi estado, era bueno; solo me dolían las orejas, y de nuevo me agradeció, sin antes haberme regañado al igual que mi madre cuando se lo explique al llegar a mi casa.


Perdí una pelea con alguien de mayor corpulencia que la mía y también una pulsera.
Recibí comentarios malos y buenos, consejos y regaños, golpes y autoestima.
Encare a alguien y a algo, y gane más que un dolor en los oídos.
Espero haber dado a entender mi punto: “No me voy a dejar, no más y peleare por los que estimo”

Y ahora, después de haber recibido los únicos golpes físicos en mi vida; me siento bien y esperare a ver qué pasa.

¿Aceptaría un 2° round? Si, si es que lo vale.
¿Qué hubiera deseado que pasara? Que no nos hayan separado, si iba a recibir golpes tendrían que ser hasta que estuviera en el suelo, pero eso costaría trabajo.

18/03/11
7:55 p.m.

2 comentarios:

gabriel revelo dijo...

hola, antes que otra cosa quiero decirte que no te arrepientas ni te sientas mal de lo que cuentas, al contrario, ganaste respeto y dignidad, y créeme, eso es muy importante.

quizá si tu mamá viera lo que te estoy escribiendo se enojaría, pero la causa por la que peleaste fue muy justa. cualquiera que se llame 'hombre' en toda la extensíón de la palabra lo hubiera hecho.

hay vivales desgraciados que a esa edad se creen los importantes, los infumables, pero ya verás que en unos años ese idiota no será nada. el tiempo pone a cada quien en su lugar.

te felicito por no dejarte y si el imbécil ese sigue dando problemas dímelo. para mi no es más que un escuincle inmaduro y hay mil formas de aplacarlo.

Luis Gabriel González Sayago dijo...

Gracias, y pues ese era el lado que quería demostrar; la inmadures de uno y lo que pierde al encontrarse con alguien que es su contrario.
Aun así gracias por el apoyo y bueno, siempre vamos a encontrar personas así, pero la solución nunca debe ser la violencia. Aunque esta vez me favoreciera.

Gracis