sábado, 28 de mayo de 2011

El inicio de un asesino. Parte 2



Estaba oscuro y hacía frío.

Mi cuerpo estaba desnudo con excepción de una trusa que portaba, mis ojos estaban vendados y me encontraba acostado en una cama, mis piernas estaban estiradas y sujetas de forma individual, mis brazos también estaban estirados arriba de mi cabeza pero estos estaban esposados. Sentía el metal de las esposas en mis muñecas y como los músculos de mi cuerpo se tensaban con el transcurso de los minutos. En las cercanías escuchaba a alguien caminar tranquilamente alrededor de la cama, de vez en cuanto escuchaba susurros y una que otra risita, esta última era lo que me ponía más nervioso porque no era normal en una situación como esa. Tenía la boca descubierta pero no me animaba a hablar.

Como si hubiera habido una señal, la persona que rodeaba la cama salto sobre esta sentándose en mi cadera, mi cuerpo se tenso aun más y la presión arterial se elevo hasta provocarme un leve mareo. Se hizo un silencio incomodo hasta que me quito la venda de los ojos; la luz de la lámpara del techo me cegó y tuve que cerrar los ojos y girar la cabeza a uno de los costados hasta rozar mi nariz con uno de mis brazos amarrados. Luego de un par de segundos mis ojos se adaptaron a la luz del cuarto, era el mismo donde había seguido a la mujer de ojos obscuros. Volteé a ver a mi secuestrado o secuestradora mejor dicho.

Se notaba cómoda y complacida ante la situación que tenía enfrente de sus ojos, portaba un juego de ropa interior de colores morado y negro mientras estaba sentada en mi cintura. Ambos nos quedamos callados hasta que se inclino a mi rostro reduciendo la distancia de nuestros labios a un centímetro.

Su aroma era algo cautivador y sus ojos que no dejaban de asechar a los míos se volvían cada vez más intensos y como un amante, lentamente se acerco a mi oreja izquierda y la empezó a besar tiernamente, fue recorriendo mi mejilla hasta llegar al centro de mis labios. Automáticamente mis ojos lentamente se volvieron a cerrar y empecé a disfrutar del momento. Forcejeaba con las amarras de mis piernas y las esposas de mis muñecas pero no para quitarla de mí, sino para poderla tocar, para poder acariciar esa mejilla suya y poder rozar su hermoso cabello. Mientras nos sumergíamos en un beso, sus manos empezaron a acariciar mi cuerpo.

Estaba cautivado y mi corazón no dejaba de palpitar y la temperatura de la habitación incremento.

Termino de besarme en los labios y se volvió a sentar en mi cintura, no sabía que decir o hacer; me tenía donde quería. De pronto, de su cintura saco un cuchillo y me lo mostro mientras me veía y sonreía como si tuviéramos una conexión amorosa y hubiéramos hecho el amor minutos antes, aun así no deje de mirarla a los ojos y lanzando un suspiro, volví a cerrar mis ojos.

Sentí como se inclino hacía mí y como sus labios se volvieron a poner cerca de uno de mis oídos y empezó a decir:

-Dime, ¿por qué no te puedo matar?-

Me quede callado.

-Hay algo en ti que no me deja hacerlo. No te conozco pero siento como si, te sonara tonto, te amara-

Seguí callado pero en ese momento, sentí el filo del cuchillo pasar por uno costado de mi cuerpo. Estaba asustado y excitado al mismo tiempo.

-Pero tú esposa…-

Brinque al acordarme de ella pero seguí manteniendo mis ojos cerrados y el silencio de mi boca.

-Te apuesto a que ya no te acordabas de ella. Ella es…, como decirlo…- Se acerco aun más a mi oreja- Mala, abusa de su poder, indigna y deja en la calle a personas honestas.-

Abrí los ojos y como si hubiera recuperado las fuerzas en mi habla le dije:

-¿Qué quieres que haga?-

-Eso ya lo sabes- Y sumergiendo el cuchillo en mi abdomen siguió hablando. –Tienes algo especial y tienes que aprovecharlo.

Con u grito sordo absorbí el dolor del frío metal de cuchillo introducirse en mi cuerpo, rasgando mi piel y atravesando mis entrañas. De alguna u otra forma alcance a decir:

-¿Quién eres?-

Y como si estuviera esperando esa pregunta me dijo sensualmente mientras con una mano acariciaba mi mejilla y con la otra la herida de la que brotaba sangre.

-El amor de tú vida-

lunes, 23 de mayo de 2011

El inicio de un asesino. Parte 1

A veces la gente se pregunta las causas de diversas acciones que realizan, esta es todo lo contrario. Sé porque cambie mi postura ante la vida, se porque hago lo que hago, se porque soy lo que soy.


Ya que esta carta fue encontrada en la caja donde guardo mis posesiones más preciadas como una foto de mi familia y una carta de una mujer a la cual amaba y que pronto sabrán el porqué de su defunción.


Antes que nada te quiero felicitar, seguiste las pistas joven buscador y ahora aquí esta tú recompensa, lo que habías estado buscando por años; respuestas, el porqué, el quién y el cómo.


Este texto literario fue escrito en uno de los moteles en donde cometí uno de los tantos asesinatos, después claro de desangrar a la prostituta que mataba a sus clientes; pero eso ya lo sabías. Ahora te preguntaras porque te diré como empezó todo, la respuesta es simple, la gente tiene que saber.


Son cerca de las 2 de la mañana y todo está en silencio, tengo solo prendida la lámpara del escritorio de la habitación y me encuentro inspirado acerca del relato.


Algo que debo decirte es que en la carta que ahora tienes en tus manos, están mis huellas dactilares, no encontré la necesidad de ocultarlas ya que sabes quién soy, pero no quién era.


Mi nombre era Macro Padilla Mora, nacido el 23 de mayo de 1987 de padres humildes que siempre se demostraban su amor. Mexicano y con una hermana y un hermano, ella menor por dos años y el mayor por tres.


Fui un niño común que jugaba con autos a escala y muñecos de acción; ya en mi juventud solo encontraran éxitos escolares con los que enorgullecí a mis padres y logre diferentes acreditaciones. Terminando una carrera de manera exitosa de ingeniería en una universidad privada y casándome joven, sin hijos y sin perro.


Amaba a esa mujer y fue la correcta para contraer matrimonio, tuvimos una bonita luna de miel en los Cabos donde disfrutamos del sol y de lo que nuestros cuerpos aguantaban. Duramos dos años muy felices hasta que apareció ella, la mujer con la que soñé durante días después de conocerla y que me cambiaría por el resto de mi vida.


Caminaba por las calles oscuras de la ciudad de México en la colonia Cuauhtémoc ya que mi auto no servía por fallas mecánicas; de pronto empecé a oír unas pisadas detrás de mí, estas se acercaban rápidamente como una persona que corre la última recta en una carrera y que está a punto de alcanzar a su contrincante.


Me detuve en un poste de luz y girando mi cuerpo observe a una joven mujer de no más de 27 años; además era alta, delgada, de cabello obscuro rizado, tés blanca y lo que más sobre salía, tenía unos ojos cafés hermosos y unos labios perfectos de color rojo que cautivarían a cualquier hombre. Portaba unos pans negros y su aspecto demostraba que llevaba corriendo por lo menos un par de kilómetros.


En ese instante, mientras estaba paralizado ante tal mujer que se acercaba a mí olvide que estaba casado que amaba a mi pareja, fue como un golpe de emociones que invadían mi pecho, sentía nerviosismo y al mismo tiempo adrenalina; lo que nunca me imagine fue que cuando pasara enfrente de mi me miraría y dijera en voz baja “Ven”; tomándome de mi brazo me jalo para seguir su camino y de manera involuntaria di el primer paso hacia ella para después seguirla.


Corría de manera sigilosa por la calle, mientras yo solo la seguía sin saber a dónde íbamos. En uno de los tantos callejones de una calle que no recuerdo cual era, entramos corriendo a obscuras a lo alto de la pared izquierda de un edificio se veía una ventana abierta e iluminada. Sin dudar, la joven hermosa saltó y tomando unas escaleras de emergencia se balanceo y logro sujetarse de ellas hasta que empezó a subir; de igual manera pero con más esfuerzo logre tomar las escaleras que pendían sobre el suelo y logrando aferrarme a ellas empecé a subir hasta que en un cuarto piso la mujer entro por la ventana que estaba abierta. Me encontraba rezagado de ella así que tarde en entrar por la ventana.


Era un cuarto de color rosa descolorido que estaba alumbrado por una lámpara de un escritorio que estaba pegado a la ventana. Tenía un colchón algo viejo y un armario cerrado que apenas y se podía sostener de los rieles pegados al techo.


Con la vista busque a la persona que me había llevado hasta ese lugar, pero no estaba. Me acerque a la puerta y trate de girar el cerrojo pero estaba cerrado, cuando como si lo hubiera sabido antes, mire al armario y me acerque lentamente a él. Eran dos puertas, tome una de orilla y la abrí precipitadamente logrando un estruendo en la habitación, pero estaba vacío. Introduje mi cabeza de manera temerosa al armario para ver si no estaba escondida en el otro lado de la puerta.


Estaba obscuro pero aun no aparecía nadie, cuando de pronto sentía como algo se introducía en mi cuello y una mano tomaba mi cabeza impidiendo que girara. La fuerte mano me soltó y logre voltear, era la joven que sostenía en la mano izquierda una aguja vacía, ambas manos tenían ahora guantes de hule. Mientras la veía me empecé a sentir débil y me puse de rodillas, de pronto entendí que se había escondido en el espacio del escritorio donde va la silla, por esa razón no la había visto y mientras observaba el lado contrario del escritorio del armario, ella aprovecho para incorporarse e inyectarme la aguja.


Me derrumbe sobre la alfombre barata y la miraba a los ojos, la vista se empezó a hacer borrosa pero logre ver como esos labios formaban una sonrisa diabólica antes de que me quedara en penumbras.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Renacer

Tras haber escrito el texto de la “teoría dioscritica”, nunca pensé volverme a meter con la religión más popular de México.

No creo en el cielo o en el infierno como un lugar donde van a descansar las almas o a penar por sus acciones en vida. Considero que en la Tierra, donde vivimos, están ambas cosas. Solo que las personas deciden en donde estar.

En la vida decidimos que hacer y por reacción a nuestras acciones nos colocamos en un cielo o infierno.

¿Pero qué pasa cuando morimos? Tengo una teoría que a muchos les podría sonar loca o hasta demasiado fantasiosa, pero ya que la gente cree lo que quiere yo creo en esto:

• Una persona y vuelve a nacer como otra u otro ser vivo.
• Al volver a nacer claramente olvidamos nuestra vida pasada, junto con las personas que nos rodearon y los logros que hicimos. De esa manera se realiza un ciclo de vida que varia.
• Una persona puede volver a nacer siendo un perro, un humano o una planta. Explico: al morir una persona, en algún otro lado del planeta otra está naciendo y su alma ingresa a su cuerpo tomando vida.
• El tiempo que nos mantengamos en vida depende de las características mentales del ser.

Esta teoría sonara como otra religión proveniente de la India, pero esta no sigue un orden determinado, sino que varía, y estas variaciones son causadas por la moral con la que se tomaron las acciones que tenía el ser en vida.

Todas las cosas nuevas reciben críticas, esta no será la excepción.

Tal vez en mi vida siguiente seré un animal en extinción o una planta, quien sabe; pero no recordare mi vida y empezare otra, eso será algo gratificante.

sábado, 14 de mayo de 2011

Las malvivas de una familia

Todas tenemos unas o unos en la familia. Se esconden tras una sonrisa o un silencio incomodo. La mayoría son tratadas con respeto por los adultos de una familia, por que las ven como niñas o niños buenos.

Por otro lado, esté tipo de personas son alcohólicas, hipócritas con los demás “incluyendo familiares y amigos cercanos” e interesadas solo por interés propio.

Un ejemplo: En mi familia hay una en especial que llamó en esta ocasión chica “J”. La navidad pasada la chica “J” critico y hasta ridiculizo a la demás familia.
Todas las navidades mi familia se da regalos de uso “íntimo”, si es que se pueden llamar de esa manera; la cosa es que esta chica creyó que nos dábamos regalos de calidad como playeras y pantalones, al darse cuenta que no era así, no faltaron los comentarios fuera de lugar y hasta humillantes pero eso no fue lo peor, sino que como llegó de sorpresa en esas fechas nadie le dio nada, he ahí la razón de sus comentarios.

Esa misma navidad se le olvido una chamarra que de disque marca, la verdad es que estaba más chafa que nada, pues no mando a mi hermana a dársela y ella estaba de vacaciones; lo bueno es que mi hermana se negó, pero mando a una prima que se la diera EN UN CASA, QUE ERA DE UNA DE SUS AMIGAS Y DONDE SE ESTABA QUEDANDO A DORMIR, Y LO PEOR ES QUE LA CASA ESTABA HASTA SAN JUAN DE LA CHIN… y de lo demás ya no prefiero hablar.

Por desgracia esta la niña “J” antes se quedaba a dormir a mi casa, no hasta llamó a su amigo del D.F. para que fuera a verla y el pobre tipo vivía hasta Polanco y yo en Iztacalco. Esa ocasión se le acabo el crédito al ponerse de acuerdo, y llamo por media hora por el teléfono de mi casa.

Entre otras atrocidades de esta joven de la alta sociedad universitaria son:

1. Rompió un disco de mi papá del concierto de Robie Williams, por no fijarse donde sentarse.

2. Siempre en las mañanas que se levantaba ponía su música de chica fresa y se metía a bañar, dejando la música puesta y a alto volumen.

3. Y cuando quería ver la televisión tenía que ser en sus programas de MTV, que son más…malos que los del canal 2.

Eh ahí ejemplos de personas que critican hasta a su familia, que se creen de la alta sociedad y que solo les importa ellas mismas.

Por suerte son pocas, pero como fastidian. Así que cuidado.

viernes, 29 de abril de 2011

El despertar del demonio

Me encontraba dormido, eran pasadas las 11 de la noche y no se oían más ruidos que el ventilador girando sobre su cuerpo casi desnudo.


Alguien empezó a caminar hacía mi cama, no se había oído mi puerta o ventana abrirse; era alguien que claramente se había transportado al interior de mi habitación.


-Mariana, ¿qué quieres?-
-Te extraño-
-No me podrías dejar dormir por lo menos un par de horas-
-No-


Entonces abrí mis ojos y la vi de pie a un costado de mis piernas que se encontraban horizontales.


Era esa típica chica con botas, un pantalón pegado a las piernas y un saco que cubría gran parte de su abdomen y pecho, pero no todo, sus prendas tenían una combinación de negro y tonos plateados por los objetos metálicos que adornaban su vestimenta; ese cabello negro lacio y esos ojos rojos que podrían hipnotizar a cualquiera que los viera, eran parte de su estilo.


-Nada más déjame concentrarme y te veo abajo-
-No te tardes-
-Nunca-


Cerré mis ojos y pegando piernas y brazos al cuerpo, respire hondamente dejando mi mente en blanco.


Como si algo me tragara, me sumergí en mi cama atravesándola y pasando por el piso de mi departamento llegue a la planta baja del edificio ya con ropa distinta y de pie, Mariana ya me esperaba ahí.


Portaba unas botas iguales a las de mi compañera, un pantalón de cuero con unas cadenas que empezaban por la cadera, un saco tipo frac negro y abierto en cuello V que hacía sobresalir mi pecho y una parte de un tatuaje que empezaba por la mano, pasando por mi brazo, pecho, espalda y una parte de mi cuello. Mis ojos de igual modo se habían tornado rojos y mi cabello adquirió un color oscuro penetrante.


-¿Qué quieres hacer?- Me preguntó de manera indiferente.
-Tú fuiste la me despertó, tú dime-
-Es que no quería estar sola- Argumentó inclinando su cabeza para dejar de verme y mejor mirar el suelo.
-Bueno, ya que me levantaste a estas horas, vamos a infundir miedo donde vive mi novia, ¿te parece?-
-¿Para qué a tú novia? ¿Qué acaso no es…?-
-No, no es como nosotros, ella es normal-
-¿Cómo porqué?-
-Me gusto-
-Je, eres un imbécil-
-Ya lo sé-
-Y bueno, ¿Dónde vive?
-Ya lo veras- Extendiendo mi mano la tomo y nos fuimos del edificio.


Ni un segundo había pasado cuando ya habíamos llegado al punto de origen. Todo estaba a oscuras en la calle, solo éramos alumbrados por un poste de luz que parpadeaba en la esquina más cercana al imponente edificio de color azul y con una placa grabada en la pared de la puerta principal, “Casa hogar para mujeres”.


-Deba ser mentira- Dijo mirándome con ojos de incredulidad y al final embozando una sonrisa sarcástica.
-No, es aquí-
-Si tú dices-
-Vamos, que no quiero encontrarla dormida-


Cuando de pronto apareció una niña con un par de jóvenes caminando hacía nuestra dirección, sabía que ella vivía en el edificio y cuando me vio, pareció gritar pero nunca se oyó nada. Nos acercamos a ella de manera furtiva y rápida, para cuando parpadeo ya estábamos enfrente de ellos.


-Parece que viste a un muerto a algo parecido- Le dije, mientras ella me examinaba con la mirada de pies a cabeza.
-Amor, los conoces- Le pregunto su novio y sin poder contestarle, respondí por ella.
-Sí, soy su ex novio, pero nunca me había visto así, nunca hubo la tanta confianza para eso. Ahora si me disculpan tengo que entrar al edificio por alguien, no vemos luego- Y volviendo a darle mi mano a mi diabólica compañera desaparecimos de ese lugar hasta estar en la recepción del inmueble.


-¿Dónde estamos?- Me preguntó Mariana.
-En la recepción de la casa-
-¿Cómo es que conoces este lugar?- Volvió a preguntar.
-Ya había venido, una vez, pero con esa vez me basto para recordar con exactitud este lugar-


No nos habíamos dado cuenta que una secretaria de unos 30 años estaba sentada en la esquina aterrorizada por nuestra presencia. Nos miraba con ojos de horror y nerviosismo. Ambos la miramos y como un acto reflejo, la trabajadora tomo el teléfono y marco una serie de números.


-Hola, policía…-


De forma automática mi compañera gótica respondió al oír esas palabras.


-¡Carajo!, ¿qué fue eso, eh?- y señalando a la mujer asustada y de forma irónica le dijo- Ya la cago, se acabo, ¿ahora qué?-


Y le conteste de forma indiferente:


-Seguimos, que nos importa-


Sin ningún problema atravesamos la puerta de cristal que estaba enfrente de nosotros y subimos las escaleras un par de pisos hasta que encontramos unas niñas de 4 y 5 años que de forma sorprendida me dijeron:


-¿Tú eres el novio de Aide?-
-Sí, y ustedes son las niñas que ella recoge al final del día-
-Sí, ¿qué haces aquí?-
-Vengo por Aide, ¿saben donde esta?-
-En su cuarto, arriba-
-Ok, gracias, nos vemos después-


Llegando al piso de arriba había una reja de color blanco que estaba cerrada con llave, al fondo se oían voces angelicales que hablaban entre sí, estas reían, cantaban y hasta se percibían gritos de disgusto por temas como un cepillo usado sin permiso o un arete perdido.


Atravesamos la puerta sin ocasionarle ningún daño y empezamos a caminar por ese pasillo sombrío que lado por lado estaba lleno de puertas alumbradas con luces tenues que estaban divididas por una cierta distancia y adentro de ellas estaba lo más importante e imponente.


No me miraban con horror ni con odio, más bien con asombro y alegría; sin embargo eran miradas pesadas y hasta incomodas. Imposible voltear a ver a esas mujeres con ropas para dormir y ver sus habitaciones, en más de una ocasión me volví a topar con rostros familiares que me regalaban una sonrisa, junto con una de asombro.


Se levantaban se sus camas y asomaban sus rostros por las puertas para mirar el trayecto por el que había pasado.


Empecé a voltear a ver el interior de las puertas y a buscar a esa niña. Hasta que la encontré.
Desde el pasillo la mire, estaba sentada en su cama con la espalda recargada en la pared y hablando con alguien más; dudo que tengo la mirada pesada, pero después de un par de segundos volteo de forma sorpresiva y nos miramos, ambos con asombro y alegría.


-¿Es ella?-
-Si- le conteste mientras entraba a su cuarto.


Salude a su compañera de cuarto con la mirada y sin detenerme volví a ver esos ojos oscuros cautivadores y rosando su rostro la bese apasionadamente. No sé cuanto tiempo paso, pero fue más que gratificante, fue una combinación de caricias, aromas y emociones que despertaban deseosamente de que continuara; al final tiernamente me aparto la cara y me dijo:
-Pero ¿Cómo, qué te pasó, tus ojos? ¿Qué eres?-
-Todo a su tiempo, hoy solamente te quería ver y besar; te darás cuenta con el transcurso del tiempo, o tal vez hasta hoy te enteres y adivines-


Pero al momento de abrazarla y volverla a besar, a las afueras del edificio, se oían sirenas de patrullas acercándose velozmente. La solté por un instante y con un movimiento de la cabeza hacía Mariana le pregunte qué haríamos ahora y con un mismo gesto me indico que nos fuéramos de aquel lugar. No supe que hacer y solo le conteste:


-Vete tú si quieres, yo me quedo-
-Yo igual-
-Sabes que vamos a tener problemas si damos rastros de nuestra existencia, ¿verdad?-
-¿Y?, ni que fuéramos los únicos exhibicionistas-


Esperamos a que la patrulla llegara al edificio y subiera las escaleras, ya muy cerca se oía como abrían la reja blanca y la deslizaban por el piso. Se escucharon gritos de angustia y nerviosismo, pero todas las que veían a los oficiales pasar por el pasillo sabían por quien venían.


-Ahora me voy, la próxima vez, ya sé dónde buscarte-
-Estaré esperando con ansias-


Con romántico besó y acariciando su mejilla, me despedí por ese instante y al volverme a incorporar solo escuche a un policía gritar:


-¡Alto!- Y este sacando su pistola solo dije…
-T amo- Mirándola a los ojos y tocando su cabello, desaparecí en la habitación.




Espere en el techo de edificio de enfrente a que los oficiales se fueran sin mi amada, que así fue. Y con una leve sonrisa me voltee a ver a mi amiga y le dije:


-Ahí el amor-
-Pues que le vamos a hacer-


Solo me reí en ese momento y me dirigí a mi cuarto a recuperar energía para el día siguiente.


lunes, 18 de abril de 2011

Catemaco, un lugar magico

El tedioso sonido del ventilador oigo girar sobre mi cabeza mientras recargado estoy en la cabecera de una cama por la que ha pasado mucha gente de creencia divina. Como en cualquier otro lugar, penetra sobre mi ventana un haz de luz pasando por el mosquitero que, con el pasar del tiempo maximiza sus recuadros y esquivando la ventila que se oxida con rapidez. Se observan matices obscuros y conjuntos de luz, es un cuarto simple pero hermoso.


Los colchones son baratos, las sabanas delgadas; el baño de 2x2 forma parte de este lugar que la mayor parte del día esta vacio, sin verse llamativo, el agua de la regadera sale por debajo de la cortina al abrir la llave, así que se moja el piso de forma inmediata.


Un catre y dos camas, un ventilador ruidoso, un baño mal planeado y una ventana por la que podría pasar hasta un mapache si se lo dispone. Entran y salen insectos, de los ponzoñosos y de los feos, de los que vuelan y de los que se arrastran a través del piso parejo y suben por la mesita que siempre esta llena de ropa o cosas personales. Fallas en el cuarto infinitas son, pero algo hermoso es.


El calor te cobija, la música instrumental entra sin permiso y te despierta tranquilamente; y lo primero que vez no son fallas o algo que criticar, por lo contrario agradeces estar ahí. Muchos lo desean y pocos lo tienen, nosotros lo obtenemos en la llamada “Semana Santa”, y durante el principio de año ya se habla de Catemaco. El lugar mágico al que todos deseamos ir. Regido por un sacerdote al que cuidado debes tratar por que hasta impedir la entrada te puede hacer. Escuchas los pájaros cantar, la música tocar, lo niños gritar y la abuela quejarse.


Ves las hojas y flores de hermosas plantas crecer con tan solo mirar por la ventana, los niños empujarse hasta caer a la alberca y la gente noble trabajar para mantener este lugar, pero, ¿qué hace este lugar tan especial? No es la vegetación, ni la música que te despierta; es la convivencia con la familia, son esos juegos de futbol que organizamos después de comer y el perdedor se ira a la alberca, aunque siempre terminamos todos en ella, voluntariamente o a la fuerza, son esas tonterías que podemos hacer o decir, es la discusión por qué programa ver por la televisión en la noche, aunque los abuelos tienen la decisión de ver la tediosa y aburrida novela. Son los mismos paseos de todos los años, es el mismo pueblo al que siempre vamos al caer la noche, son las mismas paletas que todos comemos; esas que se derriten con dos minutos fuera del refrigerador, son esas mismas personas que veo, convivo y agradezco su compañía.



Villa de Carmen, ahí desayunamos, comemos y cenamos; dormimos y despertamos. Ahí está ese ventilador, en mi cuarta, que lo tengo que apagar por la noche, sino no me deja dormir. Ahí están mis primos, tíos, nietos y abuelos; mi familia, aunque algo aburrida y tediosa, me divierto mucho con ellos. ¿Volvería a ir a Catemaco? Cada año por el resto de mi vida, solo por estar con ellos, solo por estar en ese lugar mágico que te despierta con música instrumental.

sábado, 19 de marzo de 2011

La pelea que perdí y los golpes que recibí

Hay que afrontar las cosas como son.

Hay que aceptarlo, ya imaginaba que esto iba a pasar. No dejabas de fastidiar, ¿por qué lo hacías? Una razón infantil de años. Molestaste a alguien importante en mi vida y terminaste dándome golpes en la cara, pero esa historia sigue a continuación y es el propósito del relato.

Antes eras parte de una historia amorosa, y no por qué tú eras la pareja; sino tú prima. Te consideraba alguien, un amigo y no sé si suena estúpido, pero no te guardo rencor.

En tus momentos de fastidio, al principio te encaraba, luego te ignore, pero ese día, el día que detonaste, la paciencia se acabó y fue una serie de golpes recibidos por un minuto, que a los demás supongo asusto, por qué nada más escuchaba gritos e insinuaciones de que dejaras de golpear esa botarga que te encaro y por suerte o gracia, dio el primer golpe.

Caí en tú juego, me insinuaste y acepte sin razonar el hecho de terminar con lo ocurrido con anterioridad.

10:10 a.m. molestaste a una mujer, una amiga. No era la primera vez que lo hacías, pero era la primera vez que lo hacías en frente de mí. Te empuje, discutimos, me empujaste; te veía con indiferencia, por no ser la primera vez que realizábamos el juego con los brazos y las piernas. Al fondo mi gordis, que pronunciaba nuestros nombres con asombro y angustia, Te fuiste con ella, algunos los llamarón favoritismo, y yo igual solo que no lo dije en voz alta.

Me quede y relaje, escuche al poco momento comentarios en mi contra; no me molesto, luego un “gracias” que me fascino escuchar.

Regreso el sujeto con la maestra y la tutora, la cual no le tengo gran admiración. Por una hora sentí tú mirada penetrante y si dijiste algún comentario mío, no lo escuche. Me llamo la tutora, hablamos y entre eso me explico que no me convenía lo que estaba pasando por un simple reporte académico que no se iba a ver bonito en mi historial.

El día continuo y se me olvido el problema, nunca pensé que en la salida estaríamos a solo un par de centímetros y diciendo tontería y media.

Salí de la escuela y no pasó nada hasta que escuche tú comentario, en ese momento me di cuenta que de ahí no iba a salir solo. Solté la mochila y dialogamos acerca del punto cero, donde acabaría el día.

Por acuerdo común, lo cual es increíble al que hayamos llegado; nos dirigimos al otro extremo de las jardineras; pero no solos, un grupo de espectadores nos seguían, algunos los conocía a otros ni sabia su nombre.

Solté la mochila y discutimos, por alguna razón él no quería espectadores, a mi me daba igual, se calentaron las cosas y fue el intento uno; los demás se dieron cuenta que iba a dar el golpe, pero me detuve, no sé porqué, tal vez la razón era que no lo quería soltar. Luego de eso no recuerdo que fue lo que provoco que en el segundo intento soltara el golpe. Entro directo a la quijada, pero de ahí no paso otro, aunque es lo que creo.

Te balanceaste a mi cuerpo, no me moví; que tonto. Después recuerdo recibir golpes que la oreja derecha aceptaba y una sola vez que vi tú cara e intente tocarla pero no llegó el golpe. Gritos a favor mío, pero no era lo que quería; porqué nos terminaron separando. Apareció la persona que de un modo u otro quiero, un hombre al cual agradezco su apoyo a lo largo del tiempo en que nos conocemos, pero no le agradezco que me haya quitado. Quería regresar, pero mi amigo me lo impidió al igual que mis piernas. Mi cerebro decía “vamos regresa, esto aun no se acaba”, pero mis extremidades inferiores solo se alejaban de mi contrincante en ese momento.

Caminamos e hicieron que entrara en razón, pero aun así maldije por no haber aprovechado la ocasión y por haber caído en lo que él quería.

Me fui o más bien dicho me llevaron al metro. Pregunte si sería inteligente continuar, por qué lo volví a ver, tajantemente la respuesta fue no. No esperaba otra cosa.

7:15p.m. me llamo la chica especial, la cual defendí y que no estuvo en las jardineras, eso lo agradezco. Ya sabía lo sucedido, solo quería saber acerca de mi estado, era bueno; solo me dolían las orejas, y de nuevo me agradeció, sin antes haberme regañado al igual que mi madre cuando se lo explique al llegar a mi casa.


Perdí una pelea con alguien de mayor corpulencia que la mía y también una pulsera.
Recibí comentarios malos y buenos, consejos y regaños, golpes y autoestima.
Encare a alguien y a algo, y gane más que un dolor en los oídos.
Espero haber dado a entender mi punto: “No me voy a dejar, no más y peleare por los que estimo”

Y ahora, después de haber recibido los únicos golpes físicos en mi vida; me siento bien y esperare a ver qué pasa.

¿Aceptaría un 2° round? Si, si es que lo vale.
¿Qué hubiera deseado que pasara? Que no nos hayan separado, si iba a recibir golpes tendrían que ser hasta que estuviera en el suelo, pero eso costaría trabajo.

18/03/11
7:55 p.m.